Seguridad ciudadana, ¿responsabilidad solo del Mininter?

Generalmente, cuando se piensan los problemas de seguridad ciudadana, se asume que competen a la Policía o a las instituciones de justicia. De allí que las soluciones suelen pasar por aumentar el número de efectivos y sus recursos, o las prohibiciones y penas.

Sin embargo, los resultados logrados demuestran que, en sí mismas, dichas medidas son insuficientes. En muchos casos, la incidencia de los delitos no solo no disminuye, sino que aumenta, y cuando se logra reducirla, disminuye únicamente mientras se sostiene la acción, retornando a menudo con mayor intensidad. Es lo que revelan incluso las políticas de “mano dura” implementadas en diversos países de la región.

 Y es que la prohibición y el riesgo también inducen. No podría entenderse, de otra manera, la persistencia y hasta el incremento de ciertas conductas cuando más se insiste en prohibirlas o en advertir su peligro. Entonces, ¿qué hacer?

 

Inclusión social de los espacios públicos

Una primera observación que se impone, inclusive al transeúnte más desprevenido, es que son los espacios públicos sin iluminación, invadidos por la basura y, sobre todo, no transitados —es decir, los espacios públicos excluidos de la ciudad— los que se vuelven inseguros. Es lo que se demuestra también, pero por sus efectos inversos, cuando alguna obra permitió recuperar el espacio público.

Sin embargo, no basta con reconstruir o iluminar un parque; es necesario incorporarlo a la vida de la ciudad como espacio habitado que los ciudadanos frecuentan para el encuentro familiar o social. Cuando esto ocurre, las actividades marginales (la prostitución, el consumo y venta de drogas, el robo callejero) son desplazadas y la vigilancia, al principio, fundamental para cuidar la seguridad en el espacio recuperado, se reduce en número y horario. Cuando no, al cabo de un tiempo, estos vuelven a ser ocupados por la actividad marginal, la oscuridad y la basura.

Inclusión social de barrios

Pero, más allá de la recuperación de los espacios públicos —que, aislados, solo desplazarían las actividades delictivas hacia otros lugares—, son políticas de inclusión de los barrios marginales en los proyectos de desarrollo locales las que parecen haber contribuido, en mayor medida, a la reducción de la inseguridad en ciudades como Medellín o Guayaquil. Al incorporarlos a la vida de la ciudad, al ser visitados por personas de otros sectores —incluidos los de mayores ingresos— posibilitan a sus habitantes nuevas formas de relación con la ciudad, que recuperen su orgullo, que arreglen sus calles y sus casas para recibir al visitante ofreciendo su mejor cara, que “se arreglen” ellos mismos al salir de sus hogares. Incluso, a muchos, los motiva a ir a otros barrios, a recorrer la ciudad.

Ofertas sociales inclusivas

En este mismo orden de ideas, son los jóvenes que no han logrado afincar su deseo en alguna actividad —deportiva, cultural, los estudios o un oficio— quienes más susceptibles están de inscribirse en actividades delictivas o, en general, de riesgo. Por otra parte, observando los fenómenos de pandillas, se encuentra que, con frecuencia, los jóvenes salen de ellas no por la solución de una situación deficitaria en el terreno económico, sino por el encuentro con una oferta social que captura su interés, y se dan a la tarea de aprender, entrenar, ensayar. Poco a poco, conforme se van comprometiendo con la actividad, se van apartando de la pandilla, sin que sea un cometido premeditado. La misma historia se repite con unos y otros, lo que cambia son las actividades: un deporte, una banda de música, un grupo de baile. En todos los casos se trata de un “encuentro”, no previsto, no esperado, sin la posibilidad de anticipar sus efectos.

Que sea así implica que no se puede definir a priori una fórmula eficaz para todos los casos o para un caso en particular. Sin embargo, señala la importancia de generar y mantener abierta una oferta de actividades diversa y atractiva, animada por gente entusiasta y amante de lo que hace, que lo tome en serio y sea exigente, que le dé valor y transmita su pasión, interesada en incluir en ella a otros.

En consecuencia, los problemas de seguridad ciudadana no son solo problemas de la Policía o de las instituciones de justicia; son problemas relacionados con la inclusión social y competen a la sociedad y sus instituciones, terreno en el que hay mucho por hacer e inventar.

Alfonso Gushiken

Investigador Principal de Videnza Consultores

Fuente: gestion.pe

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